Apóstrofe

Avaro, miserable,
que sobre el oro dejas la existencia
¿cómo recibirás en tu conciencia
a la muerte implacable?

Hombre que por la vida
pasas como una sombra pavorosa
¿despertará en el frío de la fosa
tu caridad dormida?

Espíritu mezquino
que no lloras de amor ni de alegría,
tu alma, que de cariño está vacía,
no sabe que en el polvo del camino
hay pesar y consuelo,
hay sonrisas del cielo,
y juventud gloriosa
que sabe dar amor por ser dichosa.

Avaro miserable,
si la muerte implacable
te sorprende y te hiere
oro tu cuerpo ya ¿para qué quieres?

No oíste, desdichado,
que el Redentor del mundo te ha salvado
para que en un alarde de bondad
anuncies su generosidad?

El lo dió todo; daba
su palabra de paz, y la caricia;
dió perdón, su caudal, y la de!icia
de vivir, floreció cuando cruzaba…

Avaro, peregrino,
todo esterilidad será tu sino;
eres corno un dolor de carne y lodo;
y en nombre de Jesús el Galileo,
condenado serás, por el deseo
¡de no dar izada, y de tenerlo todo!

Avaro, miserable,
que sobre el oro dejas la existencia
¿cómo recibirás en tu conciencia
a la muerte implacable?

Hombre que por la vida
pasas como una sombra pavorosa
¿despertará en el frío de la fosa
tu caridad dormida?

Espíritu mezquino
que no lloras de amor ni de alegría,
tu alma, que de cariño está vacía,
no sabe que en el polvo del camino
hay pesar y consuelo,
hay sonrisas del cielo,
y juventud gloriosa
que sabe dar amor por ser dichosa.

Avaro miserable,
si la muerte implacable
te sorprende y te hiere
oro tu cuerpo ya ¿para qué quieres?

No oíste, desdichado,
que el Redentor del mundo te ha salvado
para que en un alarde de bondad
anuncies su generosidad?

El lo dió todo; daba
su palabra de paz, y la caricia;
dió perdón, su caudal, y la de!icia
de vivir, floreció cuando cruzaba…

Avaro, peregrino,
todo esterilidad será tu sino;
eres corno un dolor de carne y lodo;
y en nombre de Jesús el Galileo,
condenado serás, por el deseo
¡de no dar izada, y de tenerlo todo!

Eduardo Baro


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