La industria agrícola y el problema agrario

La industria agrícola y el problema agrario

Para fijar con toda exactitud los conceptos y puesto que sólo a nuestra región, a nuestra patria chica nos referimos, hemos de sentar como fundamento de nuestro estudio el carácter circunstancial que distingue a las cuestiones agrícolas, que en cuanto a las agrarias, si bien más generales se modifican esencialmente, sin embargo, en grado superlativo, por las condiciones especiales del lugar y del tiempo.

Varían, pues, unas y otras, las agrícolas y las agrarias, según las circunstancias especiales y propias del lugar en que se estudian y del tiempo en que se realizan y como para nosotros el interés más directo es el del lugar en que vivimos,a él sólo hemos de referirnos, teniendo en cuenta las circunstancias especiales que en él concurren en el tiempo presente, pero mirando al porvenir y aprovechando las enseñanzas del tiempo que pasó.

Generalmente, por otra parte, se usan como sinónimas las palabras agrícola y agraria y, aunque una y otra expresen ideas que se refieren exclusivamente a la agricultura, hay, sin embargo, una gran diferencia entre ellas, puesto que expresan ideas muy distintas y entrañan conceptos de índole muy diferente.

La cuestión agrícola es el accidente, el problema agrario es lo fundamental; la cuestión agrícola puede resolverse y de hecho ha sido resuelta por muchos agricultores, con perfeccionamiento en los procedimientos del cultivo de las tierras; es una mera cuestión de producción; el problema agrario sólo se resuelve modificando la propiedad, alterando el actual concepto de este derecho y restituyéndolo a límites distintos de los que hoy goza; es, pues, un arduo problema que no puede ser resuelto por la actividad individual aisladamente, como la cuestión agrícola, sino que es preciso el concurso de todos, del Estado, del propietario, del colono y de todo aquel que transporta, distribuye o consume los productos de la tierra; es, por tanto, precisa una modificación esencial, para hallar una solución al problema agrario.

Son circunstancias que se oponen a su solución, el acaparamiento de grandes extensiones de tierras, por un solo propietario, el latifundio en todos sus grados, formas y manifestaciones, las tierras incultas, los cotos de caza y las dehesas de reses bravas para lidia; todas estas circunstancias, fuertemente sostenidas por un equivocado concepto de la propiedad de la tierra, por la influencia poderosa de los intereses creados mantenidos por el compadrazgo político, por el egoísmo de los que están en posesión de las tierras y por la incultura que a todos nos domina y que fieramente se manifiesta en el pueblo por el culto a la torería y a la taberna, hacen, todas juntas que sea difcilísima la solución del problema agrario, base y fundamento de la Sociedad y del Estado.

Pero como el daño que estos males producen es cada vez mayor, como cada momento sentimos todos crecer sus perniciosos resultados, como de día en día se hace más difícil la vida, siendo insuficiente el trabajo y la inteligencia, cada momento es mayor la urgencia de la solución del problema y cada día más apremiante la necesidad de encontrarla y aplicarla.

Son, pues, dos cosas diferentes la cuestión agrícola y el problema agrario, la primera es una mera cuestión industrial que sólo afecta al productor y el segundo es el problema esencial Y fundamental del Estado, que nos afecta a todos.

Las soluciones de la primera son fáciles y están al alcance de todos los agricultores; pudieran concretarse en sólo tres palabras: vencer la rutina, y a ello contribuyen eficazmente el Estado con sus granjas escuelas de agricultura, sus campos de experiencias, sus escuelas de peritos y sus estaciones especiales, la iniciativa particular con sus vendedores de abonos; y maquinaria agrícola y los mismos productores con el ejemplo de los grandes éxitos obtenidos en estos últimos tiempos por aquellos que quisieron vencer la rutina, estudiaron y aprendieron y mejoraron sus cultivos y producciones; no es, pues, un problema que resolver; es un problema resuelto, cuya solución constituye la industria en todas sus manifestaciones.

El verdadero problema, cuya solución aún no se posee, es el agrario, y de él nos ocuparemos en articulo aparte.

José D. Ruiz de Quijano.



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